Manejo
higiénico en el proceso de elaboración de los alimentos
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Manejo de algunos grupos de alimentos |
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Las
características de muchas cocinas, implican
la preparación a diario de grandes cantidades
de raciones, las cuales también contienen gran
variedad de materias primas alimenticias y en consecuencia,
es indispensable una especialización en algunas
áreas de la cocina.
Tales procesos se llevan a cabo en tres áreas
bien definidas:
- Cocina fría: Aquí
se elaboran todas las comidas que se han de servir
frías; cuenta con una amplia gama de productos,
incluidos, ensaladas de frutas y hortalizas, entradas
a base de carnes frías, embutidos, derivados
lácteos, huevos y frutos del mar.
- Cocina caliente: comprende una
variedad de platos, preparados por lo general a
base de carnes, aves, productos de la pesca, verduras,
pastas, salsas y arroz.
- Pastelería: elabora productos
de repostería, panadería, postres,
budines, salsas, pasteles y empanadas.
La variedad de productos perecederos manejados en
las coci-nas, obliga a fijar pautas para su selección
y almacenamiento adecuado, antes de proceder a su
preparación, las mismas serán seguidas
en forma estricta. Esto implica que todo el personal
esté capacitado para reconocer las características
de inocuidad y calidad de los productos.
Manejo de carnes y embutidos
De todos los productos preparados en cocinas, las
carnes de res, cerdo y aves ocupan un lugar importante
en cuanto a volúmenes de preparación,
pero también en lo referente a peligros potenciales.
Evidentemente, la carne es una de las materias primas
más exigentes en cuanto a cuidados para garantizar
su buen estado sanitario, a fín de que los
alimentos obtenidos a partir de esta, lleguen a los
consumidores con la debida calidad higiénica.
Es importante entonces, tener en cuenta algunos aspectos
relativos a las fuentes de contaminación biológica
de las carnes, pues son determinantes en la calidad
de los productos manejados en la cocina:
- Estado sanitario de los animales faenados
- Condiciones
higiénicas del transporte de animales antes
de la faena
- Condiciones
higiénicas de la faena
- Refrigeración
y maduración adecuada de las canales o los
cortes
- Condiciones
higiénicas de transporte, en vehículos
luego de la faena
- Almacenamiento
y manejo adecuados en la planta
- Existencia
de contaminacion cruzada
Descongelación
de las carnes
Ya
se discutió que el proceso óptimo
de decongelado de carne se debería hacer
a temperaturas entre 0 y 5°C en forma lenta
en la heladera; sin embargo, para trozos grandes,
los tiempos de descongelado muy prolongados, pueden
resultar antieconómicos y pueden generar
un marcado aumento en el recuento de microorganismos,
por lo cual es recomendable realizar el proceso
partiendo de piezas pequeñas, que resulta
más eficiente.
Otra alternativa discutida para el descongelamiento,
es efectuarlo con agua, procedimiento que presenta
la ventaja de efectuar el intercambio de temperatura
en forma intensa, sin pérdida apreciable
de peso; sin embargo, es necesario tener en cuenta
la pérdida eventual por lavado de: proteínas,
vitaminas y minerales de las capas superficiales.
Además, al colocar varios trozos de carne
en la misma agua, existe la posibilidad de contaminación
cruzada, la cual se puede evitar cuando las carnes
están envueltas en envases de plástico
hermético.
La descongelación con hornos microondas
es otra alternativa, pero puede suceder un calentamiento
desigual originado en la variedad de las piezas
especialmente por su grosor, con el consiguiente
riesgo de que si antes de la preparación
de los alimentos, la descongelación de
piezas voluminosas no ha sido completa, el calor
aplicado durante la cocción no penetrará
totalmente en la pieza y entonces al final de
la cocción podrán sobrevivir bacterias
en el centro del producto.
Corte de las carnes
Las preparaciones a base de carnes implican el
cortado de las piezas para obtener porciones pequeñas;
en algunos casos los platos fríos en forma
específica, están constituídos
por trozos pequeños de diferentes carnes.
El fraccionamiento de las carnes trae como consecuencia
tres efectos inevitables de importancia en relación
con el crecimiento bacteriano:
- Aumenta la superficie expuesta a la contaminación
- Se
liberan líquidos ricos en nutrientes
- Se
puede causar contaminación a través
de los utensilios o maquinaria de corte
Esta
etapa por lo general favorece la proliferación
microbiana y por eso se hace necesario desarrollar operaciones
minuciosas de limpieza y desinfección a equipos,
utensilios y superficies, después de cada proceso.
Es importante evitar el fracciona-miento de productos
crudos y cocidos con el mismo elemento, sin tener en
cuenta la precaución anterior.
Por otra parte, el fraccionamiento determina la duración
aproxi-mada de mantenimiento de las carnes en las cámaras
de refrigeración, así:
- Cuartos
de canal, cortes, semicortes, etc., pocos días
- Cortes especiales, de 1 a 2 días
- Porciones, 1 día como máximo
- Carne molida, pocas horas
La preparación de cortes de carnes y porciones
debe ser lo más rápido posible y al hacerla,
se eliminarán los jugos forma-dos, para lograr
superficies lo más secas. De inmediato, las carnes
serán llevadas a la heladera.
Preparación de las carnes
La carne por su valor nutritivo constituye un magnífico
sustrato para el crecimiento bacteriano; por esta razón,
requiere especial cuidado en la aplicación de
temperaturas adecuadas y compatibles durante el tratamiento
térmico, sobre todo cuando se trata de piezas
de gran tamaño.
Las aves, carnes rellenas y otros productos que contengan
carne, deben cocinarse hasta calentar todas las partes
del alimento, a una temperatura de por lo menos 71°C
sin interrup-ción del proceso de cocción.
En cuanto al cerdo y cualquier otro alimento que contenga
dicha carne, se cocina hasta calentar todas las partes
del alimento a una temperatura no inferior a 74°C.
La vigilancia de la temperatura a intervalos durante
la cocción de las carnes, es fundamental sobre
todo en aquellos casos cuya cocción demora más
de una hora, cuando cabe la posibilidad de mantener
los alimentos largo tiempo en temperaturas críticas.
Las piezas de carne enrollada como por ejemplo el matambre,
se deben preparar aún con más cuidado
que las piezas enteras, puesto que ofrecen el riesgo
de que la superficie externa y puntas del corte sean
probablemente las más contaminadas y al enrollarse
quedan en la mitad de la pieza, donde las bacterias
pueden fácilmente sobrevivir si no se alcanzan
las temperaturas recomendadas.
En ciertos establecimientos se preparan grandes piezas
de carne o de ave, las cuales después son rebanadas
como paso previo para su calentamiento, tras un período
de refrigeración o se dejan permanecer a temperatura
ambiente.
Esta práctica tan común, no debe utilizarse
ya que prolonga el tiempo en el cual la carne permanece
a temperaturas óptimas para la multiplicación
de bacterias. En cualquier caso, el recalentamiento
se hará hasta que la carne alcance una temperatura
nunca inferior a 74°C, en el centro de la masa lo
cual es preciso comprobar con el uso de termómetros.
Durante la operación de alistamiento de las bandejas,
tanto si se trata de platos fríos como calientes,
hay que controlar de manera estricta la temperatura
de las carnes y el tiempo que permanecen al ambiente,
así como las posibilidades de contaminación
cruzada.
Las salsas de carne elaboradas por lo general a base
de trozos, así como algunos guisados y platos
de carne picada son regularmente enfriadas y almacenadas
en refrigeración para adicionarlas a las carnes
asadas o cocidas; tales salsas por su alto contenido
de nutrientes, representan una fuente de contaminación
importante si no se manejan adecuadamente.
Una alternativa, puede ser la de conseguir en el mercado
concentrados de carne para reemplazar las salsas, lo
que re-duce notablemente la posibilidad de contaminación
mencionada.
Debe respetarse sin excepción, la norma de que
los platos de carnes picadas se preparen y consuman
el mismo día. Pero, si el recalentamiento es
inevitable, es conveniente hacerlo en su totalidad a
no menos de 74°C y mantenerse a tal temperatura
un mínimo de 2 minutos antes de servirlos.
Para los productos cárnicos cocidos, curados
y embutidos, hay que resaltar la necesidad de observar
los procedimientos recomendados para la selección
de proveedores y en cuanto a su almacenamiento, en especial
lo referente a tiempos, temperaturas, rotación,
con particular rigor, para prevenir su contaminación
cruzada, la cual puede ocurrir en las zonas de refrigeración
-si no se dispone de áreas separados- o bien,
en los procesos de fraccionamiento donde pueden ser
contamina-dos con facilidad por equipos, utensilios y
superficies en los cuales se han manipulado carnes crudas.
Manejo de productos de la pesca
Los productos de la pesca constituyen otro renglón
importante dentro de las materias primas utilizadas
y son muy susceptibles a la contaminación por
microorganismos.
En general la principal preocupación del control
de calidad microbiológico del pescado, se refiere
a la posibilidad de presentar alteraciones que lo hagan
inadecuado para el consumo.
Los pescados y mariscos son altamente perecederos, lo
cual hace que además de su adecuada selección,
la conservación en hielo o por congelación
desde el mismo momento de la captura como también
en el transporte hasta la planta, sea un factor primordial
para su mayor plazo de vida comercial.
Desde
el ingreso a la planta, la verificación de las
condiciones de transporte y de temperatura de llegada
de los productos, adquiere suma importancia, así
como la evaluación para identificar las características
de olor, textura y color deseables del producto fresco.
El almacenamiento por congelación a temperatura
de 18°C, brinda mejores resultados para estos productos:
de hecho, se ha determinado que el pescado congelado
-luego de haber sido mantenido en hielo por espacio
de 3 días,- duplica el tiempo para almacenarse,
sin perder sus cualidades, comparado con aquel preservado
en hielo durante 9 días.
Los procedimientos de descongelación son similares
a los recomendados para las carnes, e incluso si se
trata de piezas poco voluminosas, se pueden descongelar
de manera satisfac-toria, en agua corriente, a una temperatura
no superior a 20°C.
Fileteo
Así como en otras operaciones que implican manipulación,
la higiene de los operarios y la correcta desinfección
de los cuchillos, superficies y equipos, tienen una
repercusión eviden-te para evitar la contaminación
cruzada.
Preparación
Las distintas variedades de productos de la pesca se
preparan por lo general a la plancha, en cuya cocción
tienen que alcanzar una temperatura de por lo menos
60°C en todas sus partes; es el caso de los filetes
de las diferentes especies utilizadas.
Con posterioridad a la cocción, a temperaturas
similares, los crustáceos, camarones y langostinos,
son llevados a refrigera-ción, para lo cual el
tiempo no debe exceder de 4 horas. Luego de esta operación
es muy frecuente pelarlos o retirarles las partes no
comestibles, lo cual exige un tiempo lo suficientemente
corto como para conservar la temperatura de refrigeración,
sin olvidar las medidas de higiene necesarias para evitar
la recontaminación del producto.
Cuando los moluscos como ostras, almejas y mejillones
se preparan crudos ofrecen riesgos, porque concentran
en su organismo contaminantes presentes en el medio
marino, entre ellos la bacteria del cólera o
toxinas contenidas en algas de las que se alimentan.
Por eso es importante su consumo en estado cocido y
respetar los períodos de veda.
Manejo de frutas y hortalizas
Los productos de la horticultura siempre contienen contami-nantes
y pueden ser portadores de una gran carga inicial de
bacterias adquiridas en el suelo, el agua, el aire o
por medio de insectos, dependiendo del tipo de cultivo;
así, las hojas, tienen una mayor exposición
al aire, mientras, las raíces tienen un mayor
contacto con el suelo.
Ciertas prácticas agrícolas pueden ejercer
importantes efectos, por ejemplo, el uso de plaguicidas
para eliminar insectos limita con frecuencia la propagación
de microorganismos y del mismo modo, las prácticas
de recolección, sean manuales o mecáni-cas,
introducen y/o distribuyen microorganismos en espacios
en los cuales antes estaban ausentes.
Pero
sin duda lo que más preocupa en términos
de salud pública por la contaminación
de los productos hortícolas, es la introducción
de materias fecale, en el agua de riego o en el suelo,
ya que ofrecen el riesgo de que los productos tengan
bacterias o parásitos.
Entonces, las medidas tendientes a limitar o reducir
la contami-nación inicial y el lavado para reducir
la carga microbiana son los puntos críticos de
mayor interés, para controlar la calidad de estos
productos. El control de tales puntos críticos
resulta muy importante para evitar la propagación
de agentes que causan enfermedad en el hombre como bacterias,
parásitos y virus como el de la hepatitis.
El lavado y desinfección de frutas y hortalizas
es una de las rutinas que deben realizarse con mayor
rigor en la cocina, toda vez que constituyen la materia
prima para la preparación de variados platos
que muchas veces se consumen crudos.
En
las verduras de hoja, el lavado precede a la selección
y eliminación de hojas externas que contienen
la mayor carga de suciedad. El lavado se hará
con agua potable a chorro en forma abundante para procurar
su limpieza profunda.
Para su desinfección se deben utilizar desinfectantes
derivados del cloro como la lavandina.
La lavandina se utiliza por inmersión de los
vegetales ya lavados, en soluciones que contienen concentraciones
de 100 a 200 ppm. por un tiempo de contacto de 15 minutos,
lo que equivale a una cucharada de lavandina por cinco
litros de agua. Luego es necesario realizar un enjuague
enérgico. No es necesario dar un tiempo de contacto
más largo pues eso causa marchitamiento de la
hortaliza y un gusto a lavandina.
Como requisito, los recipientes en los cuales se trasladen
las hortalizas han de ser previamente desinfectados.
Manejo de la leche y derivados
Como la composición de la leche reúne
excelentes condiciones para la multiplicación
de la mayoría de las bacterias, es un alimento
muy susceptible a la contaminación desde el mismo
momento del ordeñe.
Entre los productos lácteos más utilizados
en las cocinas, están la leche, la manteca, los
quesos madurados y la crema de, pero si estos son adecuadamente
seleccionados y manejados desde su ingreso a la planta
y durante la manipulación, su uso en las diferentes
preparaciones no debe significar mayor riesgo.
Manejo de productos de pastelería y repostería
La preparación de diversos productos que contienen
ingredien-tes muy sensibles a la contaminación
microbiana, hace necesa-rio tener mayores cuidados en
su elaboración.
En efecto, además de las preparaciones a base
de harina para el pan y productos de pastelería,
están aquellos productos que contienen carnes
molidas: empanadas, pasteles, tortas de carne y otros
productos, los cuales requieren un manejo muy cuidadoso
de la materia prima para evitar la contaminación
cruzada.
Por otra parte, los productos de respostería
incluyen ingredien-tes sensibles como: crema de leche,
mayonesa, huevos y frutas cuyo prerequisito es una buena
elección de las materias primas y su manejo en
condiciones estrictas de higiene.
Para la preparación de productos con carnes molidas
(picadas), hay que tener la precaución detilizar
las mejores materias primas disponibles y tener en cuenta
que su duración es muy corta. Los tiempos de
cocción, su conservación en caliente o
frío y si es el caso, el recalentamiento antes
de servirlos, son los puntos críticos a controlar
con especial rigor.
Como
ya lo habíamos visto, los postres incorporan
ingredientes que además de ser adquiridos a proveedores
reconocidos, su manejo exige extremo cuidado principalmente
en lo que a su conservación se refiere; por ejemplo,
los huevos crudos empleados en su preparación,
deben ser objeto de un minucioso lavado con agua potable
mezclada con cualquier desinfectante por cuanto son
una fuente de contaminación por la bacteria Salmonela,
muy frecuente en este alimento.
En
los trabajos de repostería es muy frecuente el
uso de utensilios como las mangas y boquillas para adornar
las preparaciones con cremas o preparaciones a base
de estas, y si no son lavadas cuidadosamente y desinfectadas
después de cada uso, significan un riesgo importante
de contaminación.
El mantenimiento en refrigeración de los productos
de esta área que así lo requieran, incluye
por lo tanto el control de la temperatura y el tiempo
de permanencia como puntos críticos de interés.
Algunos enlatados, en especial de fruta, también
son usados para repostería y debido a su proceso
de elaboración industrial son de bajo riesgo;
en cambio algunas frutas frescas que se usan como adorno,
tienen mayor riesgo de contaminación, por lo
que deben ser lavadas y desinfectadas.
Agua
y hielo
Estos
dos productos son de mucho uso en los servicios de comida
y como fue explicado, tanto uno como otro, deben cumplir
con los requisitos de potabilidad del agua.
En la actualidad, las aguas tratadas y embotelladas
para consumo, son una alternativa de calidad confiable,
cuando el agua de suministro de la red no está
disponible o carece de los controles en tanques y cañerías.
Será necesario asegurarse que los proveedores
de aguas embotelladas, sean empresas de reconocida prestancia
en la localidad.
El
hielo es común encontrarlo envuelto en bolsas
plásticas o recipientes adecuados para su comercialización.
Debe ser manipulado con mucho cuidado, teniendo en cuenta
que es un alimento también.
Ensaladas y aderezos
Las preparaciones de este tipo de alimentos, llevan
casi siempre huevos o sus derivados como mayonesa. En
ningún caso, debemos usar huevo crudo, ya que
éste puede estar contaminado con la bacteria
Salmonella, razón por la cual tampoco es recomendable
preparar mayonesas en el establecimiento. Es recomendable
elegir las preparadas industrialmente.
Los aderezos, cremas y alimentos que contienen huevo
o productos a base de huevo, o de leche, es necesario
mantenerlos fuera de la zona de temperaturas de peligro.
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