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Los Alimentos Funcionales: ¿Comida que Cura?

Artículo publicado en “Salud para Todos”. Año 10, n° 110, diciembre de 2002 Todos los días, numerosos avisos publicitarios, emitidos por diversos medios de comunicación, difunden las supuestas propiedades benéficas de algunos alimentos en la prevención o tratamiento de determinadas enfermedades. Al recibir esos mensajes, los consumidores suelen dividirse entre quienes confían en ellos, y quienes los rechazan sin más por considerarlos meros recursos de las empresas para mejorar sus márgenes de venta. Entre estas posturas extremas, se encuentran quienes dudan acerca de la veracidad de los contenidos de los anuncios, pero carecen del acceso a la información que les premita responder a esas inquietudes. Quedan sin respuesta, entonces, interrogantes como: ¿Es verdad que esta clase de leche posee propiedades terapéuticas? ¿Es cierto que puede prevenir determinados trastornos? Uno de los modos de aproximarse a esta cuestión es revisar las apreciaciones técnicas existentes en la materia. Los especialistas definen al alimento como “toda sustancia natural o procesada que se ingiere con el fin de satisfacer la incorporación de los nutrientes para el mantenimiento de las funciones vitales del organismo” Según esta concepción, entonces, no habría ningún vínculo entre alimentos y enfermedades. Sin embargo, en los últimos años se ha aceptado la existencia de un grupo particular de alimentos, los alimentos funcionales, que son definidos por los especialistas como aquellos “capaces de aportar sustancias con funciones fisiológicas definidas, brindando beneficios para la salud de quien los consume” Para que un alimento pueda ser considerado funcional, debe demostrar que posee un efecto benéfico sobre una o varias funciones específicas del organismo, más allá de los efectos nutricionales habituales, que mejora el estado de salud y de bienestar, o bien que reduce el riesgo de una enfermedad. Esto significa que estos alimentos deben contener, necesariamente, alguno de los llamados componentes o ingredientes funcionales, entre los cuales pueden mencionarse como ejemplos:
Vitaminas: son compuestos orgánicos nutricionalmente esenciales para el organismo, ya que regulan procesos metabólicos y no pueden ser sintetizadas por el cuerpo. Las más conocidas son A, C, D y B. Antioxidantes: son componentes de los alimentos. Se encuentran en frutas y verduras y previenen el ataque de los radicales libres hacia las células. Ej.: vitaminas A (carotenos), C y E, selenio y conenzima Q 10. Minerales: calcio, hierro, fósforo, magnesio, selenio, boro, cromo, cobre, níquel y zinc. Fibras dietarias: son partes de frutas, vegetales, granos, nueces y legumbres que no pueden ser digeridas por lo seres humanos. Mejoran la absorción de nutrientes, favorecen el tránsito gastrointestinal y pueden ayudar a reducir el riesgo de enfermedadades cardiovasculares, y otras.
Las fibras se clasifican en insolubles (proceden de vegetales y frutas, como los oligosacáridos) y solubles (proceden de cereales, harinas, semillas y otros alimentos, como el salvado de avena). Entre los productos que podrían considerarse como funcionales, por contener éstos u otros componentes, pueden mencionarse los lácteos enriquecidos con vitaminas, minerales, fitoesteroles u omega 3, y las barras de cereales con vitaminas y/o fibras. También, los yogures con probióticos -es decir, con microorganismos vivos que, al ser ingeridos en cantidades suficientes, ejercen un efecto positivo en la flora intestinal, como el lactobacillus acidophillus-, y los llamados alimentos ricos en fibras o prebióticos (sustancias no digeribles que pueden ser fermentadas por la flora bacteriana intestinal, y provocan un efecto favorable sobre ella).

Diferencias internacionales en la regulación

Si bien internacionalmente se coincide en que estos alimentos pueden aportar ciertos beneficios, los criterios de inclusión en la categoría no son uniformes. Por ejemplo, en Japón se considera que la leche enriquecida con oligosacáridos es un alimento funcional, debido a que actúa sobre la flora digestiva, aumentando la cantidad de bífidos, mientras que en Europa, el mismo efecto no se interpreta como la mejora concreta de una función, por lo cual dicho alimento no ingresaría dentro de la categoría de funcional. Las distintas clasificaciones se expresan como diferencias en la regulación. Así, desde 1991, Japón tiene normativas para los alimentos destinados a un uso higiénico específico (denominadas FOSHU), lo cual permite formular, tanto en los rótulos como en los avisos publicitarios, declaraciones de propiedades, previa aprobación del Ministerio de Sanidad, sobre la base de un informe científico. En Europa, en tanto, dado que las normas difieren entre los distintos países, no existe una legislación homogénea que codifique en detalle las declaraciones de propiedades nutricionales o higiénicas, debatiéndose, además, si es legítimo que se realicen declaraciones acerca de la prevención de enfermedades. Quizás el caso más interesante sea el de los Estados Unidos, cuya agencia sanitaria tiene aprobadas, desde 1993, declaraciones que relacionan el consumo de ciertos componentes con la ayuda en la prevención de determinadas enfermedades (ej.: sodio y reducción de la hipertensión, calcio y disminución de la osteoporosis, folatos y ayuda en la prevención de defectos de nacimiento en el tubo neural, proteínas de soja y ayuda en la prevención de enfermedades coronarias). En nuestro país, el tema recién está comenzando a debatirse. Dado que eiste un vacío legal en la materia, ya que los alimentos funcionales no están contemplados en el Código Alimentario Argentino, el Instituto Nacional de Alimentos ha organizado un grupo de trabajo orientado a proponer normativa respecto a esta cuestión.

Algunos acuerdos

Diversos estudios reconocidos mundialmente, mencionan las posibles propiedades funcionales de diversos componentes, según el siguiente cuadro:
COMPONENTE O INGREDIENTE POSIBLES PROPIEDADES BENÉFICAS
Bifidobacterias Podrían favorecerse la función gastrointestinal y la producción de vitamina B 12 y vitamina K.
Oligosacáridos Reducción de calorías, actuación a nivel intestinal (probióticos), prevención de las caries.
Fitoesteroles Podrían ayudar a bloquear la absorción del colesterol.
ácidos grasos poliinsaturados Podrían controlar los niveles de triglicéridos y colesterol y reducir la viscosidad de la sangre.
Isoflavonas Podrían ayudar a reducir el colesterol.
Polialcoholes Reducción de calorías, prevención de las caries.
Tal como se desprende de este cuadro, es necesario precisar que, en ningún caso, debe interpretarse que los alimentos que poseen dichos ingredientes sean aptos para el tratamiento de determinadas enfermedades, pues esta característica sólo es propia de los medicamentos. En todos los casos, los beneficios consisten en la prevención o disminución del riesgo de determinadas dolencias. Así, se debe ser muy precavido con la publicidad que recomienda el consumo de un determinado alimento, asociándolo con la posibilidad de curación. Tampoco debe relacionarse la cantidad que se consume con la posibilidad de beneficios para la salud pues, en ocasiones, el consumo excesivo puede ser sumamente perjuidicial. Por todo ello, la mejor forma que tiene el consumidor para defender sus derechos es consultar al médico o al nutricionista, quien le proporcionará los consejos adecuados en la materia. De este modo, evitará sufrir perjuicios económicos o, más grave aún, problemas en la salud que pueden ocasionar graves consecuencias.
 
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